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lunes, diciembre 05, 2011

Trozos de libro.

Extracto brillante del libro American Gods de Neil Gaiman:


«Había una joven y su tío la vendió», escribió el señor Ibis con su perfecta caligrafía.Ésa es la historia, el resto son meros detalles.Si exponemos nuestro corazón abiertamente a determinados relatos, nos herirán con demasiada profundidad. Tomemos el ejemplo de un buen hombre, bueno a sus ojos y a los ojos de sus amigos: es fiel y sincero con su mujer, adora a sus hijos y los colma de atenciones, se preocupa por su país, realiza su trabajo escrupulosamente, lo mejor que puede. Por eso, con eficacia y buen humor, se dedica a exterminar judíos: aprecia la música que suena por el campo para amansarlos, les aconseja que no olviden sus números de identidad cuando los conduce a la ducha, porque mucha gente, les cuenta, los olvida y después se lleva la ropa equivocada al salir. Esto calma a los judíos. Habrá vida después de la ducha, se convencen. Nuestro hombre supervisa los detalles del traslado de los cuerpos a los hornos y si hay algo que le haga sentir mal, es que todavía permite que el exterminio de alimañas le afecte, porque si fuese realmente bueno, no sentiría sino alegría por librar a la tierra de tal plaga.«Había una joven y su tío la vendió», dicho de esta forma, parece tan simple...


...Sin individuos sólo vemos cifras: mil muertos, cien mil muertos, «el número de muertos puede ascender a un millón». A través de las historias individuales las estadísticas se convierten en personas, pero incluso esto constituye una mentira, porque las personas continúan sufriendo en cifras pasmosas y sin sentido. Mira, ¿no ves la tripa hinchada del niño, las moscas que se arrastran por el contorno de sus ojos y sus miembros esqueléticos? ¿Sería más fácil si conocieses su nombre, su edad, sus sueños, sus miedos? ¿Si conocieses su interior? Y si lo fuese, ¿no estarías con ello discriminando a su hermana, que yace en el mismo polvo ardiente, retorcida e hinchada como una caricatura grotesca? Pero incluso sintiéndolo por ellos, ¿acaso son más importantes para nosotros que otros mil niños afectados por la misma hambre, otras mil tiernas vidas que pronto serán pasto de la miríada de larvas retorcidas de las moscas?Trazamos nuestras fronteras alrededor de estos momentos de dolor y permanecemos en nuestras islas, donde no pueden alcanzarnos. Quedan cubiertos con una capa suave, segura y coriácea que hace que resbalen como perlas por nuestras almas sin llegar a dañarlas.La novela nos permite deslizarnos al interior de esas otras cabezas, de esos otros lugares y mirar por esos otros ojos. En el cuento nos detenemos justo antes de morir o morimos representando a otro, sin dolor, para, en el mundo más allá del relato, volver la página o cerrar el libro y recomenzar nuestras vidas.La vida es, como cualquiera, diferente de cualquiera.La simple verdad es que «había una joven y su tío la vendió».

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